Despedidas

Apartarse de lo que conocemos suele ser doloroso, no importa si es pareja, amigos, escuela, trabajo, carrera profesional, vocación u cualquier cosa, persona, situación o espacio que amemos o nos parezca tan conocido que no nos imaginamos sin eso en nuestro día a día. Pero lo cierto, es que la vida se trata de despedidas y nuevos comienzos.

Cuando papá partió hubo llanto, culpa, miedo, dolor, tristeza e incertidumbre, no sabía que aún a los 24 años la orfandad de padre dolería como dolió. Con el tiempo, mucho trabajo personal, con el amor familiar, con el apoyo de mi entonces pareja y mis verdaderos amigos y 5 años después tomar terapia, pude por fin transformar esa gran despedida en el inicio de una nueva relación padre e hija.

Como buena milenial, disfrutar mi trabajo es algo primordial. Mi carrera profesional es de las cosas más importantes para mi vida, por ello, mi más reciente cambio de giro e industria me está costando tanto. Entender que, aunque no tenía un mal desempeño, no podía seguir en donde estaba, para crecer hay que soltar o quizá solo modificar la perspectiva. Es dejar ir lo conocido y arriesgarse a probar una nueva manera de estar en aquel espacio, pero ya sin los yugos, más desde mi visión.

En lo amoroso, no me ha ido distinto, me cuesta apartarme. Soltar a quienes una vez amé o incluso amo no es tarea fácil, y no creo ser la única. Pero justo en este rubro he tratado de avanzar y si bien no digo “adiós” sí intento transmutar estas relaciones. También he soltado amistades por ya no compartir, a veces espacio, ideas, caminos o simplemente porque ya no hay nada en común, y se convierten en una amistad del pasado, donde valoras los buenos momentos y sigues caminando, porque uno y el otro no tenemos la obligación de ser siempre la misma persona.

Una vez un amigo de una expareja dijo “El amor no se acaba en 5 minutos”, lo recuerdo y me resuena. Ta vez parezca cliché de peli gringa, serie de Netflix o letra de canción, pero del verdadero amor no puede uno despedirse, yo no he dejado de amar a mi padre, amo la carrera que elegí, sin importar el giro, o a lo que me enfoque sigo amándolo. Cuando es verdadero amor, no se acaba, no lo soltamos, solo buscamos otra forma de estar o de bien estar.

Así que aunque trate de enumerar las “más grandes despedidas” que una treintañera, como soy, ha tenido, finalizo el texto diciendo que las despedidas chicas, grandes, dolorosas, apresuradas, retardadas o de cualquier tipo solo son el primer paso de ese gran cambio que nos va probar como seres y nos va regalar un poquito más de vida.

Despídete de esta vida, siempre tendrás otra esperándote.


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